Romualdo García Torres: A 160 años de su natalicio
Romualdo García Torres: A 160 años de su natalicio

Romualdo García Torres: A 160 años de su natalicio

Desde que tuve mi primer contacto con el material fotográfico de Romualdo García en el traslado de este archivo de su casa en Mezquita No. 4 al Museo de la Alhóndiga adquirido por el Mtro. José Chávez Morado de las hijas de don Romualdo, Adriana y Lucía, a mediados de la década de los setenta, me pregunté ¿cómo hacía para que esas imágenes de la gente y escenas de la ciudad de Guanajuato aparecieran en una placa de vidrio o de plástico? Tiempo después aprendí la técnica de la fotografía y lo comprendí.

Ahora me pregunto: ¿Qué hizo a su familia emigrar a Guanajuato? ¿Por qué eligió ser fotógrafo?

Romualdo García Torres nació en la ciudad de Silao, Guanajuato, en febrero de 1853. Allí paso los primeros cinco años de su vida; seguramente una infancia tranquila, rota sólo por el bullicio pintoresco del comercio que ofrecía sus productos: gallinas, guajolotes, chivos, puercos, frutas y verduras que tan generosamente se cultivaban en ese bajío, y otros tantos productos que a gritos buscaban atraer al marchante en la plaza de San Nicolás donde se encontraba la estación de diligencias y el primer templo del mismo nombre edificado en esta ciudad.

¿Pero qué hizo que se trasladaran a la capital? En ese tiempo la economía de Silao era muy sólida por las haciendas que allí existían: Franco, Aguasbuenas, El Bosque, Cerritos, Coecillo, Comanjilla, Loza de Barrera, Medio Sitio, Nápoles, La pila, Puerta grande, San Agustín, San Diego, San Francisco de Puerta Chica, San Isidro, Sotelo, Trejo y Chichimequillas (esta ultima donde nace el tradicional baile del torito). Silao en esa época era conocido como “el dormitorio de Guanajuato” pues las grandes personalidades de la política, el arte, la ciencia y los más acaudalados comerciantes de la capital huían de los fétidos olores que emanaban del río a cielo abierto que atraviesa la ciudad de Guanajuato. También eran atraídos por las aguas termales que brotaban de los manantiales de Aguasbuenas y Comanjilla, al que le adjudicaban propiedades curativas y medicinales.

Parece ser que su madre Feliciana Torres al enviudar recibe una invitación para trabajar en la capital con Cenobio Vázquez, primo lejano y propietario de una botica ubicada en la calle de la Cruz Verde, quien la emplea como ama de llaves y le ofrece vivir en los altos de su negocio. Una vez establecidos, Romualdo inicia sus estudios primarios en la escuela de Belén; pocos años después empezó a trabajar también en el establecimiento de don Cenobio, lavando los recipientes en que preparaba y vendía los medicamentos, recibiendo su primer sueldo que era de nueve centavos diarios. Es allí donde conoce a don Vicente Fernández, también originario de Silao, reconocido en Guanajuato como un sabio y culto personaje, recordado aún como una de las grandes glorias del Colegio del Estado (hoy Universidad de Guanajuato), y quien era también ya un prestigiado fotógrafo. Este hombre, 16 años mayor que Romualdo, le enseñó los principios elementales de la física y la química.

Al concluir su educación primaria, Romualdo García Torres ingresa a la Escuela de Artes y Oficios tomando clases de dibujo y pintura, siendo su profesor el conocido pintor Luís Monroy, egresado de la Academia de San Carlos; pero, a pesar de que siempre mostró gran dedicación y entusiasmo, la pintura nunca se convirtió en su medio de vida. También estudia música y aprende a tocar varios instrumentos.

Ya con los conocimientos musicales Romualdo ingresó como ejecutante de flautín a la banda del Primer Ligero de Guanajuato, dirigida por don Telésforo Vargas. En la banda, Romualdo percibía un sueldo ya bastante digno por amenizar las veladas musicales en el Jardín de la Unión al lado de músicos como Dionisio Gómez maestro de piano y Celso Espinosa, quien se hiciera famoso arreglando una orquestación para Ángela Peralta, conocida tiple.

Romualdo deja la botica pero alterna su trabajo de músico con sus primeras tomas fotográficas, procurando así obtener mayores ganancias para mantener a su madre. Es posible que el mismo Vicente Fernández instruyera a Romualdo en el arte de la fotografía. En ese tiempo el proceso fotográfico predominante era el colodión húmedo, que era un procedimiento muy laborioso y caro donde la placa debía ser preparada químicamente y sensibilizada al instante; la toma y el revelado se hacían antes de que la emulsión secara, de lo contrario todo el proceso fracasaría. En poco tiempo pudo adquirir las placas secas ya preparadas, traídas de Europa; fue un avance pues simplificó de forma considerable el trabajo, redujo los costos e hizo la fotografía más accesible al público en general: iniciaba así la Era de la fotografía instantánea.

En el año de 1886 Romualdo contrae matrimonio con María Guadalupe Martínez en la parroquia de Guanajuato. Romualdo dijo ser filarmónico de profesión, aunque ya para entonces había comenzado a hacer sus primeros trabajos fotográficos con tanto éxito que se entusiasmó y fue dedicándole cada vez más tiempo.

Por Flaviano Chávez Rodríguez
luzyplata@yahoo.com.mx

{Extracto del artículo “Romualdo García Torres: A 160 años de su natalicio” publicado en el número 4 de la revista electrónica EnGuanajuato}

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